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Origen del Pan de muerto: pan especial de los mexicanos en noviembre

La historia de la elaboración del pan más delicioso de esta temporada se remonta a la época de la Conquista y la llegada de los españoles a la entonces Nueva España (ahora México), en 1519.

Se dice que era un ritual en México ofrecer una princesa a los dioses y su corazón aún latiendo era sumergido en una olla con amaranto para después, quien encabezaba el rito, mordía el corazón en señal de agradecimiento a un dios.


A todas luces, a los españoles les pareció un evento tan violento que se dieron a la tarea de buscar la manera de sustituir el ritual. Para ello, crearon un pan hecho con harina de trigo en forma de corazón, cubierto de azúcar pintada de rojo, para representar la sangre de la doncella.

Otra historia cuenta que la tradición se vincula al pan de la eucaristía, influencia de la religión católica que los evangelizadores españoles introdujeron a su llegada a los indígenas.

La última hipótesis que defienden algunos historiadores es que los antiguos pobladores de Mesoamérica enterraban con sus pertenencias a los muertos con un pan elaborado con semilla de amaranto mezclado con la sangre de los que eran sacrificados para los dioses.

El pan de muerto es un claro reflejo de la fusión entre dos mundos, el prehispánico y el español, entre la alegría de los pueblos mexicanos por celebrar la muerte y el tradicional uso del trigo en el mundo católico europeo.

Su forma circular hace referencia al ciclo de la vida y la muerte. En el centro de su parte superior, surge un pequeño círculo que representa el cráneo, las cuatro tiras en cruz representan los huesos con los que estamos formados y también hace referencia a las lágrimas derramadas por los que ya no están.

Cualquiera que sea el verdadero origen de este alimento ancestral, no nos podemos negar a su delicioso sabor “chopeadito” en un chocolate caliente.

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